Libros ayer y hoy
Para comenzar a escribir esta biografía, necesariamente debo remitirme a mis primeros años de vida, cuando mi mamá me leía un cuento diferente antes de dormir. A veces tenían menos dibujos, a veces más; pero siempre me gustó la idea de escuchar cada relato.
Algunos años
después, cuando tuve 5 años, aprendí a leer sola. Como en el jardín teníamos el
sistema de biblioteca móvil; todas las semanas podíamos elegir un libro para
llevar a casa y leer. Así es como se me vienen a la mente libros como
“Pinocho”, “El gato con botas” o “Las pulgas no andan por las ramas” de Gustavo
Roldán.
Con el pasar de
los años, me fui adentrando cada vez más en la lectura; cuando ya estaba en
primaria, me fasciné con muchos de los libros de Luis Maria Pescetti, como por
ejemplo “Natacha” o “El pulpo está crudo”. Otra autora que seguí mucho en mi infancia,
fue a María Inés Falconi con la saga “Caídos del mapa” así como a Liniers con
su saga de historietas “Macanudo”.
Para la época de
séptimo grado en adelante, comencé a leer libros y novelas más largos, algunos
de mis favoritos fueron las sagas de “Los Juegos del Hambre”, “Hush, Hush” y
“Maze Runner”, así como “Momo”, “Eleanor & Park” y “La Ladrona de Libros”
entre muchos otros.
Recientemente leí “Historias
de diván” de Gabriel Rolón y “Toque de queda” de Jesse Ball, un libro que me
encantó. Actualmente también me interesan los cuentos de Cortázar y Borges, por
la magia de sus relatos. Un libro de Cortázar, que no pude terminar de leer, el
cual sigue implicando una frustración para mí, es “Rayuela” ya que lo empecé a
leer cuando tenía 12 años y se me hacía muy complejo entenderlo. Igualmente
tengo ganas de volver a leerlo.
Casi siempre
consigo mis libros en librerías, porque no me gusta tener la presión encima de
saber que tengo que devolver el libro y por lo tanto procurar que esté
impoluto. Muchas veces presto mis libros, pero siempre a personas cercanas que
sé que los van a cuidar. En mi biblioteca no se encuentran todos los libros que
leí, ya que muchos fueron prestados, pero igualmente tengo bastantes en
exhibición.
No me gusta para
nada marcar libros, porque siento que arruina toda la estética del libro en sí.
Si hay frases que me llamen la atención, sin duda me las acuerdo, o en todo
caso las transcribo, pero no las marco.
En cuanto a la tecnología,
siento que no hubo cambios en las formas de lectura, ya que no me gusta la idea
de leer en el celular o en e-books. Pero obviamente, en cuanto a rutina de
lectura, los cambios son muy notables, ya que muchas veces la tecnología nos
distrae de incontables maneras y hace que le dejemos de dedicar tanto tiempo a
las demás cosas, por ejemplo a la lectura.
Mi lugar favorito
para leer es en los colectivos, sobre todo cuando tengo viajes largos por
delante, aunque también me gusta leer en mi cuarto, a la noche. Un lugar donde
no me puedo concentrar para la lectura es el parque, me desconcentran los
sonidos.
No siento que haya
algún libro en particular que me haya “cambiado la vida”; muchas veces los
libros nos marcan con pequeñas cosas, pero no hay ninguno con el cual yo haya
notado un cambio trascendental en mi vida.
En cuanto a la
literatura en la escuela, me parece que es algo fundamental, sea en los
primeros años escolares como en los últimos; ya que además de fomentar el
pensamiento propio y la imaginación, ayuda a mejorar la ortografía, así como también,
quizás sirva para acercar a la lectura a algunos que no lo estaban.
Leo porque es un hábito que desde chica me lo
inculcaron, pero también porque muchas veces es una alternativa para
distraernos de las cosas que nos pasan día a día. Aunque muchas veces dejo de
leer por no tener el tiempo suficiente, voy a intentar procurar no perder este
hermoso hábito nunca.
-Mora Quintans, 4to 1a

Lo que leímos, el momento y el lugar en que lo hicimos, el recuerdo de esa lectura, dibuja también la propia historia. Cuando los libros están con nosotros desde la infancia, cuando hemos armado un vínculo amoroso con ellos, sutil manera de reeditar el amor de quienes nos los acercaron, leer es entretenimiento y, además, una tarea fascinante, provocadora, apasionante y, muchas veces, reveladora de nosotros mismos.
ResponderEliminarGracias por compartir este retacito de tu historia. Nos seguimos leyendo.