Olor a libro
Desde muy chica, como todo niño o niña, le pedía a mi mamá que me lea antes de dormir, hasta que me compraron un cd en el que se contaban cuentos y me lo ponía siempre. Pero había uno de los cuentos que no podía escuchar del miedo que me daba. Tan terrorífica no era la historia, pero la contaban de una manera muy aterradora: hablando lento, grave y con mucho suspenso. También me encantaban los libros con muchas ilustraciones como uno llamado “Cambios” en el que habían dibujos de elementos del hogar mezclados con animales, por ejemplo una pava con orejas y cola de gato.
Un dibujo en un libro que me dejó marcada fue el sombrero o elefante dentro de la boa de “El Principito” de Antoine de Saint-Exupéry, que, sin dudarlo, fue mi libro favorito, junto con “La torre de cubos” de Laura Devetach en el que mi cuento favorito era “Mauricio y su silbido” aunque me daba mucha pena por el desentendimiento que sufría este. Estos dos últimos libros fueron los primeros que empecé a leer sola con la ayuda de mi mamá.
Más adelante fui a un taller de escritura que había en mi primaria todos los miércoles y fui desde segundo grado hasta terminar la primaria. Era un taller lleno de amor y buena vibra entre la gente que iba y la profesora, Iris, que nos leía un cuento antes de que nos sentemos a escribir así nos inspiraba. En esa época, yo arreglaba todos los viernes con mi abuela y me llevaba a librerías y nos solíamos quedar horas viendo libros y discos que nos gustaban. Ahí empecé a leer novelas cada tanto sobre amor y aventura. Habían unos libros que estaban muy de moda que me los leí muchas veces, de John Green. La verdad que mirando atrás esos libros en lo personal son bastante malos pero en el momento me parecían hermosos.
Cuando me empezaron a dar libros para leer en el colegio no me parecía tan mal pero al tiempo me di cuenta de lo poco que me gustaba. Sentía que, además de que no me interesaban en lo más mínimo esas novelas, no te dejaban leer a tus tiempos y eso a mi me enojaba mucho. Pero es muy hermoso cuando te dan un libro o un texto que te interesa como tarea aunque no suele suceder mucho.
Ya en la secundaria tuve mis momentos de mucha y poca lectura. Este último verano me la pasé leyendo y cuando me crucé con “Rayuela” de Julio Cortázar me enamoré. Fue muy diferente a lo que solía leer y me encantó. Actualmente estoy leyendo un libro que se llama “Putita Golosa” de Luciana Peker que es un ensayo feminista muy lindo escrito que me regaló mi mamá. También tengo un “libro de bondi” que es muy flaquito y me entra sin pesarme para llevarme cuando tengo que viajar en bondi o Subte que se llama “Creer y Vivir” de Julio César Labaké que es medio filosófico y psicológico que me lo encontré en una venta de cosas viejas casualmente en la calle y adoro su olor a libro viejo.
Para mi es muy especial prestar y que me presten libros porque encuentro muy interesante ver lo que otra persona marca, subraya o escribe dentro.
Luna Etchegaray
Entrar a un libro por el olfato, caminar el sendero de hojas, ir lento o apurando la mirada y avanzar. Encontrarse con un libro por casualidad, amor u obligación. Leer para imaginar, conmoverse, ser otra, escribir, leer y dar la vuelta para empezar siempre. Tareas fascinantes, provocadoras, apasionantes y, muchas veces, reveladoras de nosotros mismos, porque leer no es irse sino encontarse. Cuando suceden en la escuela, el desafío está en equilibrar placer y deber, en encontrarnos con otros (la lectura sino es siempre en soledad), en ejercer nuestro derecho a leer o no hacerlo y saberse responsable.
ResponderEliminarGracias por compartir con calidez y compromiso esta página de tu propia historia.