viernes, 19 de abril de 2019

Biografías Lectoras

Mi mundo pasado de los libros 
    
 Los primeros recuerdos que tengo sobre los libros son los cuentos de María Elena Walsh. En mi casa tenía una colección entera, que compartía con mi hermana, y también los leía en el jardín. Estoy segura de que antes de eso leía otros cuentos para niños, pero no los recuerdo claramente. 
    Entrando a la escuela primaria, a los 6 años, los profesores de todos los cursos organizaban una “terraza de lectores” cada año, donde nos daban un listado con 20 libros y, en 3 meses, teníamos que haber leído como mínimo 7. Los prestábamos entre compañeros, opinábamos y recomendábamos y así, la lectura obligatoria se convertía en una elección, cuando decidía leer más libros de los que me pedían, simplemente porque me llamaban la atención. Recuerdo que también leía algunos libros del listado de mi hermana, dos años más grande. Fuera de esa actividad no prestaba ni suelo prestar libros, por el miedo a que no vuelvan o sí lo hagan, pero en malas condiciones. Durante toda mi educación primaria esa iniciativa escolar fue mi principal motivación para leer, aunque también leía algunos libros por fuera del colegio, que habitualmente eran regalos familiares. 
     Cuando tenía alrededor de 10 años, tenía el hábito de leer el último párrafo de los libros antes de comenzaron, e intentaba comprenderlo durante mi lectura. Dejé de hacerlo cuando, lógicamente, arruiné la sorpresa de un gran final. Mi género favorito era el policial, que conocí por las lecturas del colegio. Siento que, en lo recorrido de mi educación, las lecturas obligatorias fueron, en general, placenteras o al menos productivas, aunque por supuesto hay excepciones. Hoy no tengo un género favorito, leo lo que me llame la atención en el momento. 
     Hace unos años que perdí el hábito de la lectura, pasé a leer uno o dos libros por año (sin contar la lectura obligatoria). Elijo libros que me interesan, pero muchas veces los dejo abandonados, ya sea porque no encuentro el momento para leerlos o porque ya no me interesan tanto como al momento de comprarlos. Siento que antes leía mucho más que ahora porque no le dedicaba tanto tiempo a la tecnología como lo hago ahora, además de que no recibo la misma motivación que antes. Aun así, cuando decido leer, lo sigo disfrutando. 
      Me gusta leer en lugares tranquilos, generalmente recostada en un sillón o en mi cama, antes de dormir o a la tarde un fin de semana. No puedo leer en movimiento, me mareo siguiendo la lectura en el subte o el colectivo y me cuesta seguir la lectura si algún ruido molesto me distrae. 
    Leo cuando quiero conocer, cuando quiero imaginar y estimular mi mente, cuando quiero emocionarme, distraerme, o cuando estoy aburrida y necesito otra cosa que una red social para ocupar el tiempo, pero no leo cuando siento que no puedo dedicarle el 100% de mi cabeza a la lectura, cuando no puedo entregar mi mente completamente a la historia. No logro disfrutar la lectura si sé que tengo que estar haciendo otra cosa, o si no puedo elegir mis tiempos libremente. 
    Me quedan muchos libros pendientes, algunos los elegí yo, otros me los recomendaron. Pasé mucho tiempo sin leer como lo hacía antes, quizá ya es hora de recuperar los hábitos perdidos y volver a disfrutar el mundo de la literatura.

Candela Dama

1 comentario:

  1. Lo que leímos, el momento y el lugar en que lo hicimos, el recuerdo de esa lectura, dibuja también la propia historia. Cuando los libros están con nosotros desde la infancia, cuando hemos armado un vínculo amoroso con ellos, leer es entretenimiento y, además, una tarea fascinante, provocadora, apasionante y, muchas veces, reveladora de nosotros mismos.
    Ojalá recuperes la lectura y el disfrute.
    Gracias por compartir.

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