jueves, 18 de abril de 2019

Biografías Lectoras

Mi mundo no lector.


Desde mi niñez casi no tengo recuerdos de haber leído libros, o de que me hayan leído. 
El único acerca de un libro que tengo, es que me hayan regalado uno de cuentos infantiles cuando yo era muy chica. 
Luego de varios años en mi pre-adolescencia, mi abuela paterna me regaló un libro llamado "Las ventajas de ser Invisible" de Stephen Chbosky, p ya que yo le había contado que quería ver la película. Éste, fue mi primer y único libro que pude leer por completo.
En cuanto a los autores, no tengo ningún favorito, ya que nunca leí lo suficiente para tener una preferencia, pero me interesa mucho por las cosas que escuche, Borges.
El único idioma que conozco y estudio, a parte del español, es el francés pero no entiendo lo suficiente como para leer un libro. Por lo tanto solo leo en mi única lengua.
Un cambio que produjo la tecnología en mi lectura, es que ahora cuando tengo que leer algún libro (por gusto o para el colegio), utilizo el celular directamente. 
Cuando tengo que leer algún libro, prefiero hacerlo en lugares abiertos, al aire libre como por ejemplo: un parque, mi terraza o el balcón de mi casa, entre otros.
Por otro lado, sitios donde no puedo leer son donde no me pueda concentrar, por ejemplo: donde hay mucha gente, o mucho ruido.
Tengo como mucho tres libros los cuales guardo en una caja de zapatillas.
Los libros que leo (para el colegio) nunca los subrayo ni los marco, me gusta dejarlos como están. 
Tengo una frustración que me genera un gran problema, la lectura de los libros no me atrapan entonces nunca puedo terminar de leer alguno. 
La lectura obligatoria me genera menos ganas de leer porque si por mi misma no pongo ganas menos me incentivo siendo obligatorio.
Belen Lagardera




1 comentario:

  1. No son los libros los responsables de que no nos guste leer, sino, principalmente, los lectores. Por esto, ante la pregunta sobre qué es leer, la respuesta es comprender sin dificultades. El gusto puede ser interrogado una vez que la comprensión ha sucedido. Como solemos rechazar lo que no comprendemos, ahora podríamos pensar que, a lo mejor, lo que no gusta, en realidad, no se entiende. La escuela puede o no hacernos gustar de la literatura, pero sí debe, ineludiblemente enseñarnos a leer, a comprender. Este es el arduo trabajo y el desafío que se nos abre en el espacio del aula: a leer se aprende leyendo.
    Gracias por compartir y ayudarme a comprender un poquito más de este viaje en el aprendemos juntas.

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