El archienemigo
El monstruo del
armario miraba con su monstruoso ojo por la cerradura de la puerta
entreabierta. Allí estaba, el ser más espeluznante y terrorífico de todo el
mundo. Su archienemigo, el que más miedo le daba al acostarse, el monstruo
debajo de la cama.
Es hora de dormir
Acababan de
termina de jugar a las escondidas, cuando encorto a su hijo se dio cuenta que
ya estaba cansado, se lo podía ver en sus pequeños ojos azules, así que lo
llevo a su cama y dio un beso en la frente, pero como ya era de costumbre se fijó
debajo de la cama porque su hijo siempre le tuvo miedo al monstruo debajo de la
cama y esta vez estaba muy cansado para pedírselo lo hizo como un favor. Cuando
se asomó a mirar estaba su hijo en forma fetal con los ojos bien abiertos y
dijo “hay alguien en mi cama”.
Despertar de un sueño y vivir la pesadilla
Regresaba del
colegio y estaba mi madre cocinando la comida mientras mis hermanos ponían la
mesa. “Por fin llegaste, ya es hora del almuerzo, avisale a tu padre que venga
a almorzar” dijo su madre con una voz muy dulce, mientras sacaba el pollo del horno. Fui al comedor y ahí
estaba un gran ejemplo a seguir como persona, un gran sabio de la literatura
española, a la cual le dedico toda su vida a estudiar. “Mama dijo que te avise
que vengas a comer” le dije de una manera muy educada y delicada. Cuando por
fin estábamos todos en la mesa y estaba por dar el primer mordisco, me desperté
con los gritos de mis padres peleándose y los lloriqueos de mis hermanos.
Revivir
Estoy tomando el colectivo llorando, con
frío.
De un momento para otro empiezo a revivir
ese momento y no sé cómo salir de ahí, me bajo del colectivo, entro a su
departamento y estoy subiendo las tres escaleras del edificio.
Ahora, dentro del ascensor voy subiendo al
segundo piso, la puerta está cerrada pero cuando vuelvo a abrir los ojos estoy
caminando por el corredor.
La vuelvo a ver.
Está ahí sentada con su computadora.Intento decirle con mayor definición y con
una voz no temblorosa que lo que me dijo no estuvo bien. Ella me dice que le da
mucha rabia que yo esté ahí invadiendo su privacidad que ya no me quería ver
más, me dice que debo preguntarle antes de asumir que ella quiere estar
conmigo. Eso me lastimo profundamente, pero como aún el dolor no está causado,
ya no siento el dolor.
Nos levantamos, caminamos por el pasillo,
bajamos el ascensor, bajamos las escaleras y ahí salimos del estudio donde
trabajamos a unos cuantos pasos de distancia. Me despido y voy hacia la parada
porque no quiero subir y que minutos después baje de nuevo llorando.
Ingenua
infancia
Durante toda la infancia creí que todas
las heridas se curaban con un beso y que todos los problemas se solucionaban
pidiendo perdón.
Pedro
Pérez
Pobre pintor portugués, pide prestadas pinturas
para pintar pequeños pasajes para pasear por Paris para Pascua.
Solo
Siempre tenía esa
sensación de paz y tranquilidad. Suspiró, recogió el rifle y dejo atrás el caos
el miedo y la confusión.
El verdadero terror
“Amor, no me baja
la regla hace dos semanas.”
El príncipe
Poco después de la
media noche el príncipe sale sigiloso del castillo, mientras Cenicienta duerme
profundamente. Mientras él va en busca de la hermanastra de su esposa, aquella
mujer de enormes pies que tanto le fascinan.
Linda
Abrió el periódico
rápidamente pasando hoja por hoja sin perderse un mínimo detalle. ¿Cómo puede ser q no este? Pero si este pueblo
es chico.
Han pasado tres
meses y todavía no hay ninguna noticia suya, ya no aguanta más en cualquier
momento le va a dar un infarto. Se ha ido sin haber dejado ni un rastro, ¡anda
a saber done este ahora! Es momento de regresar a como era antes, pero él no se
acuerdo como era estar sin ella.
Harto de todas
las noticias que le parecían estúpidas tira el periódico sin terminar de leerlo.
En ese momento entra su madre a dejarle una chocolatada con tostadas. “Dani,
¿esa no es linda?” le dice señalando una de las ultimas noticias. ¡Si es ella,
la encontré, es mi perra Linda!
Ideas interesantes, algunas mejor resueltas que otras y un cuento ajeno, copiado de Burgos, Estrella, 1988, “El príncipe” publicado en la revista El Cuento, México: GV Editores. Una pena que hayas tomado esa decisión con la que te quitás mérito pues cómo no desconfiar del resto de tus textos. La duda queda instalada, por segunda vez.
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